• martacodeseda

La fantasía como herramienta erótica



Con el fácil acceso a la pornografía, cada vez son más las personas que afirman no poder masturbarse sin ver un vídeo. Y tiene sentido, las imágenes del porno son muy directas, muy sencillas, mantienen nuestra concentración… Pero tienen grandes limitaciones, y, sobretodo, no están hechas sólo para ti, sino que apelan a lo que se considera que estimula a un “público general” cortado por el mismo patrón.


Las fantasías eróticas, en cambio, siempre y cuando sean vividas con placer y sin vergüenza, son mano de santo para incrementar nuestro deseo y nuestra excitación. Hechas por y para ti. Será tu propia imaginación lo que genere la fantasía, pero al mismo tiempo se nutrirá de ésta y pondrá en marcha todo el mecanismo de excitación, generando además endorfinas, poniéndote de buen humor y manteniendo activa esa parte de tu imaginario. Un completo, vaya. Y todo gratis.


En una fantasía eres libre para ponerte en las posturas más insospechadas, atribuirte una flexibilidad que no conseguirías ni con todo el yoga del mundo, ponerte en las situaciones más descabelladas o incluso imaginarte en una situación de peligro. No hay reglas, no hay límites, estás solamente tú con tu imaginación y tus ganas.

Además, no hay riesgo alguno. Ni de quedarte embarazada, ni de contraer una infección, ni de que la otra persona o personas acaben portándose de una manera que no te gusta y te hagan daño emocional o físico. Lo controlas todo tú. Por eso, muchas mujeres fantasean con la idea de ser violadas, atadas o abusadas por desconocidos, pero se sienten culpables al respecto. ¿Cómo puede ser que esto me excite, si luego me imagino estar en la situación real y me horroriza la idea? ¿Me pasa algo?


Pues no, de hecho es mucho más habitual de lo que piensas. La clave está en que en tu fantasía tienes el control de lo que va ocurriendo, y no tienes ningún miedo a lo que pueda pasar. Lo excitante es la idea de abandonarte en manos de otra persona y dejarte hacer, que sea un desconocido, que te pille por sopresa...pero todo desde la más absoluta seguridad que te da tu propia imaginación. Fantasía y realidad no son lo mismo, y no hace falta llevar las fantasías a la práctica.


Por eso, si crees que te cuesta fantasear o te gustaría mejorar tus fantasías, tengo algunas sugerencias para ti. Lo primero, lee algo de literatura erótica y ve al menos una película subida de tono. Te ayudará a estimular tu imaginación y te pondrá imágenes excitantes en la retina. Después, busca un momento de relajación y deja que tu mente fluya sola, sin normas, sin juzgarte por lo que imagines, sin tratar de dar demasiado sentido o demasiado hilo argumental. Y si te animas, ¿qué te parece convertirte en autor o autora de relato erótico? Ármate de valor y plasma sobre el papel lo que te imaginas. La calidad artística es lo de menos, escribe en el lenguaje que te apetezca y detalla todo lo que te apetezca. ¡Es sólo para ti! Verás como se te da mejor de lo que piensas.

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